Cobertura sanitaria universal: La gran deuda y el gran reto mundial post-pandemia
Cobertura sanitaria universal:
La gran deuda y el gran reto mundial post-pandemia
El covid-19 se presentó ante el mundo como un nuevo gran
reto en materia sanitaria; arribó a todos los rincones del mundo sin distinción
cultural, lingüística, ideológica y económica. Hoy, seguimos combatiendo todos
juntos contra este gran, temido e invisible enemigo, pero si hay un sector que
ha sido nuestro gran escudo y héroe ante esta problemática, ese ha sido sin
duda, el sector salud, el cual, a pesar de todas sus carencias y limitaciones,
ha podido sobrellevar dichas circunstancias con mucha dificultad. Sin duda, queda
en evidencia que invertir en salud nunca será un gasto, sino una inversión en
cualquier momento de la vida.
“En los países sin cobertura sanitaria universal, el
impacto del coronavirus será mayor” comentó en su momento, la Dra. María Neira,
directora del Programa de Salud Pública y Medio Ambiente de la Organización
Mundial de la Salud, y es que todo estado que no invierte y no prioriza en la
salud de sus habitantes, es uno que debe replantearse sus bases éticas y
morales, es uno que debe replantearse su visión de progreso y desarrollo.
El avance y el caos propiciado por el covid-19, no ha
discernido entre un país desarrollado y uno no desarrollado, ha afectado a
todos sin distinción, pero no lo ha logrado en todos por igual, ya que su
devastación está siendo peor, no solo en aquellos países donde la sanidad pública
es paupérrima, sino también en aquellos donde la sanidad privada impera, debido
precisamente a las eternas y latentes desigualdades en nuestras sociedades, en
donde solo un grupo minoritario logra cubrir los gastos económicos que supone
el acceder a la sanidad privada. Y es que en nuestras sociedades se le ha
impuesto un precio a la vida, donde a través del incesante negocio pareciera
que el capital es el que ha prevalecido, ya que a muchos se les olvida que la
cobertura sanitaria es un derecho universal y que, para precisamente tener
economías fuertes, necesitamos ciudadanos sanos. Por ello, la inversión en salud
gratuita universal es una prioridad inminente, la cual se ha acrescenta cada
día. Por lo cual, debemos hoy, no solo reflexionar, sino replantearnos una
mayor inversión y un mejor destino al porcentaje del PIB del país, el cual, sin
discusión, por razones obvias debe destinarse en un alto porcentaje al sistema
sanitario, para así dar protección a la salud de cada uno de los ciudadanos,
dándole prioridad al fin a la vida.
Este, no es solo un sentir, de unos cuantos ciudadanos o un
minoritario grupo ideológico, sino también el sentir de una mayoría ciudadana,
el cual se puede corroborar a través de datos del centro internacional de
estudios políticos y sociales (CIEPS), en su encuesta sobre el impacto del
coronavirus en Panamá, donde un 81.7% de los encuestados indicó que el
presupuesto del estado debe ser utilizado en salud, seguido por educación con
un 79.3%.
Todos los estados miembros de las Naciones Unidas han
acordado tratar de alcanzar la cobertura sanitaria universal a más tardar en
2030, en el marco de la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Panamá
no se aleja de esta meta acordada. Ya es hora, de que, como país, prioricemos la
cobertura sanitaria universal, la cual implicaría que todas las personas y
comunidades reciban los servicios de salud que necesitan, sin tener que pasar
penurias y dificultades financieras para costearlo.
Hoy, el sistema debe replantear sus actos y sobre todo sus
objetivos, los cuales, a lo largo de los años, solo han tenido ojos para
objetivos fiscales y privados, para intereses económicos o comerciales que
frecuentemente se han impuesto sobre el bien de la ciudadanía, dejando el
bienestar de las personas en un segundo plano. Esto ya ha tenido como resultado
una mayor mortalidad, en gran medida evitable.
Andrés S. Millares B.
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