COVID-19: La paradoja del mundo de hoy y el nuevo mundo de mañana
COVID-19: La paradoja del
mundo de hoy y el nuevo mundo de mañana
El aclamado psicoanalista, filósofo y critico cultural,
Slavoj Žižek, concluyó recientemente en que posteriormente a la pandemia del
virus Covid-19, podríamos infectarnos nuevamente de otro virus, en este caso de
uno ideológico más que biológico, este según él sería mucho más beneficioso, ya
que sería un virus que propiciaría una nueva manera de pensar, una que
plantearía una sociedad alternativa, una sociedad más allá del estado-nación,
una sociedad que se actualizaría a sí misma en formas de solidaridad y
cooperación global. Esta visión, viniendo de Žižek es muy utópica para poder
ser real; realmente pienso lo contrario, pero me mantendré cauteloso por el
factor sorpresa, ya que remontándonos al pasado y ubicando nuestra mirada en la
peste negra, en esta se evidenció que después del anochecer arriba el amanecer,
el cual en este caso fue el renacimiento, quien catapultó al mundo, pero sobre
todo a Europa a un desarrollo espiritual, humanista, artístico y científico,
los cuales impulsaron la valorización de la ciencia y la razón, pero sobre todo
de la vida, la importancia de esta debido a su fragilidad y por ende corta
estancia en este mundo. En el caso actual, de la pandemia del Covid-19, esta no
se puede igualar a nivel epidemiológico en cuanto a sus índices de mortalidad,
pero si en su impacto y sus repercusiones a nivel social y sobre todo económico,
es evidente que el covid-19 no se compara a la peste negra, pero creo que el
impacto de este en la sociedad será profundo, sobre todo a nivel psicológico,
debido a la fragilidad de la sociedad actual y puede que eso tal vez y solo tal
vez impulse el cambio que proyecta Žižek; pero los datos y sobre todo los actos
hablan por sí mismos y nos brindan una muestra de lo que acontece y puede
acontecer. Hoy debido a nuestro estilo de vida acelerado, propiciado en gran
medida por un sistema explotador, inhumano y mecanicista, carente de valores,
de ética y moral, vacío en humanidad; hay cosas que abundan y que se han
proliferado e infectado a gran parte de la población como el actual virus, que
se expande sin escrúpulos en cual sea el huésped que se tope por delante; este
es el virus del nihilismo, uno, vacío y carente de sentido existencial, sin
sentido de otredad, carente de devoción, carente de aliento, carente de
empatía, de desobediencia civil, de valores éticos y morales, pero sobre todo,
rebosante de libertinaje, individualismo y egoísmo. Esto se ha evidenciado en
las recientes violaciones hacia las medidas de cuarentena impuestas no solo a
la sociedad en general, sino a los ya pacientes y afectados con el virus, estos
en una minoría, que de momentos pareciera inofensiva, pusieron en riesgo la
salud y la vida de otros al romper con esta cuarentena e insistir en el
contacto social ya restringido; muchos ciudadanos ante este deplorable acto, se
volcaron a pedir e insistir al gobierno, tomar medidas correspondientes, más
severas, como sanciones que iban desde multas hasta cárcel, pero detengámonos
en este punto, encarcelarlos o sancionarlos severamente, es una media, pero no
es una solución; existe la posibilidad de que ahora funcione como medida, pero
mañana, después de que veamos la luz al derrotar esta pandemia, no lo sea, ya
que el problema real, va mucho más allá de un acto de irresponsabilidad. El
virus ha puesto en evidencia, no solo el funcionamiento y la capacidad de
respuesta de cada una de las instituciones gubernamentales, también nuestro
sistema social y sobre todo individual, el cual ha sido de momentos paradójico,
ya que ha tenido tanto destellos de luz como oscuridad, ha sacado lo mejor y lo
peor de la sociedad, tanto en su colectividad como en su individualidad. Pero,
sobre todo, este virus, el covid-19, no ha sido el único, ya que, si bien se
lleva los focos de atención como el sobresaliente actor, este ha tenido
innumerables aliados y cómplices virulentos entre los cuales se encuentran la
corrupción, la incultura, la antiética, la antimoral, la desigualdad, la
inequidad y el nihilismo, estos han sido actores de reparto que sin menos
protagonismo han aportado tanto a la trama como si del principal se tratara.
La instauración de un nuevo sistema, promovido por un
cambio de paradigma, siempre viene precedido de crisis que generaron angustia y
conmoción. Tal pareciera que este será el caso, tal y como no los propone Žižek;
es evidente que el virus desestabilizará la economía, tal y como lo está
haciendo en un sistema tan predominante como el capitalismo, pero posiblemente
esta revolución en el pensamiento social descrita por el titán de la filosofía
contemporánea, no se vaya a concretar y lo que termine por ocurrir sea una
definitiva separación entre los individuos, que nos alejará y nos individualizará
aún más, ya que, aunque pareciera existir un sentimiento de colectividad,
detrás de este parece imperar realmente un yoísmo incesante, desesperado por su
imagen, pero sobre todo por su supervivencia, esto no podrá ser posible siempre
y cuando sigamos apostando todo cambio al virus, el cambio si bien es
propiciado por él, no depende de él, depende de nosotros, como humanos, como
entes, dotados de razón y de emoción.
Andrés S. Millares B.
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