COVID-19 y la desobediencia civil


COVID-19 y la desobediencia civil

Nuestros ciudadanos han mostrado desobediencia civil, pareciera como si a la mayoría en la cuna, le hubieran leído un libro de Henry Thoreau del mismo nombre “desobediencia civil”, esto es sin duda, producto de lo mucho que nos ha fallado el estado en políticas públicas, sobre todo educativas, donde las carencias de esta son las que nos han llevado hoy a la realidad que tanto nos cuesta asimilar, de la cual tanto queremos escapar y reconstruir de un abrir y cerrar de ojos.
La diferencia entre Latinoamérica y los países asiáticos como China, Japón y Corea del sur es muy grande, sí, pero aparte de la tecnología, diría que otra gran diferencia es nuestros sistemas de valores y nuestro respeto a la autoridad, los cuales se inculcan desde lo paternal, pero no deberíamos nosotros imitar, sino tomar como referencia las virtudes y las decisiones que los han llevado a superar cualquier adversidad, sobre todo en este momento de crisis global; ellos han demostrado ser eficaces contrarrestando el avance del virus gracias a sus aciertos en la toma de decisiones, que van desde el uso total de mascarillas y demás equipos sanitarios. En Panamá no podemos negarles esta posibilidad a nuestros ciudadanos, ya que negarle a la ciudadanía la posibilidad de protegerse, utilizando equipos, elementos y herramientas que contrarresten el virus por breves periodos de tiempo, poniendo como medida de control la abstinencia de salida, la cual es una utopía, por lo menos en una sociedad sin las bases emocionales y comportamentales que le permitan modular y nivelar su comportamiento; pedir esto es como hablarle de abstinencia y educación sexual a un adolescente con constante exposición a una sexualidad temprana y precoz.
No solo se han violado las restricciones de cuarentena, sino también la privacidad de la información y aunado se encuentran los famosos fake news o noticias falsas que abundan en las redes sociales y que alteran emociones que a su vez distorsionan pensamientos y comportamientos. Existe una apatía hacia la realidad, todos queremos no vivirla, ni experimentarla y como establece el filósofo surcoreano alemán Byung Chul Han en sus planteamientos, el exceso de fake news es un reflejo del negar la realidad, del querer construir otra, del querer escapar de la realidad experimentada; pero ambientándolo a nuestro contexto, por lo cual diría que las fake news enfocadas en aspectos negativos son una proyección de todo el caos y el conflicto social inmerso dentro de cada uno estos individuos, los cuales en su angustia existencial y su agonía nihilista, buscan compartir todo sentimiento de amargura experimentado por ellos, hacia los demás para no sentirse solos con ella.
La vida privilegiada de muchos ha generado una desconexión, una entre lo real y lo irreal, esta ha influido en las distorsiones y las alteraciones en la percepción de una clase privilegiada, con esto no pretendo hacer una cita marxista o realizar una apología de la misma, sino dejar muy claro que no se nos puede olvidar que Panamá es el sexto país más desigual del mundo y precisamente esta cruda realidad es el contraste que tenemos entre el “quédate en casa” al “no puedo quedarme en casa, porque vivo del día a día”, esta realidad es nueva para muchos, los cuales han sido indiferentes a la misma, queriendo tapar el sol con un dedo o negarlo y la realidad es que existen dos clases en una misma sociedad, los que tienen que salir a trabajar, exponiéndose y no cumpliendo con la cuarentena, no por capricho, sino por necesidad y por otro lado, los que pueden permanecer en sus casas porque poseen los recursos económicos para subsistir y hacerle frente a la crisis. Entonces, ¿cómo se puede guardar la distancia y seguir las recomendaciones sanitarias en una aglomeración involuntaria y necesaria en un transporte público, en la agonía y la desesperación por llegar a casa?
¿Terminarán las llamadas telefónicas falsas? ¿no habrán detenidos en los toques de queda? ¿dejarán las personas de infringir la ley y las normas? No, porque esto es solo una consecuencia de cuanto nos ha fallado nuestro sistema educativo, el cual solo ha postrado su mirada hacia una formación técnica y académica, desvinculada y divorciada de toda realidad moral y ética, de todo valor humano centrado en el respeto, no solo por la autoridad, sino por la vida.
En la actual sociedad posmoderna, ya reinaba la desconfianza, pero esta se expandió aún más debido a la desinformación, a la falta de información y las constantes tomas de decisiones erradas de parte de las entidades del estado. Tenemos una sociedad carente de disciplina, una sociedad que por años ha estado sumergida en los excesos, cómo podríamos entonces regular un comportamiento precedido por ideas de acumulación a costa del detrimento y la agonía del otro. El instinto de supervivencia, no conoce de empatía, ni de afinidad emocional y sanguínea. Los cambios que se generarán en la sociedad, no serán de manera globalizada, sino más bien de forma sectorizada y regionalizada dependiendo de la realidad de cada país y continente.  


Andrés S. Millares B.

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