Pseudociencia y populismo en tiempos de pandemia
Es un hecho, que en esta era del Covid-19 se han
acrecentado innumerables problemáticas, pero estas en una mayoría pudieron ser
evitadas, sin embargo, contaron como propulsor a un notable populismo, cuyos
líderes, ya sea de izquierda o de derecha, han estado a la vanguardia de la incompetencia
durante la pandemia.
Tanto las noticias falsas o famosas “fake news”, como las
medidas erráticas e incongruentes han sido el epicentro del debate público de
gran parte de países del mundo. En Estados Unidos, un Donald Trump no solo
culpó a China del virus, sino que también propició una desobediencia civil emulando
a creces el planteamiento celebré de Henry David Thoreau, motivando así la expansión
del virus y convirtiendo a Estados Unidos en el epicentro del mismo. En Brasil,
Jair Bolsonaro, no le pierde el hilo y lo emula a la perfección, tachando a los
medios de alarmistas que incentivaban la histeria colectiva y catalogando al
virus de simple gripe.
Los movimientos populistas propiciados por estos grandes
líderes mundiales han tenido como símbolo y bandera las teorías negacionistas. No
les bastó en su momento con cuestionar y ridiculizar, las teorías sobre el
cambio climático, las eficiencias e importancias de las vacunas, entre otros
temas de importancia global, en materia sanitaria, sino que hoy, en plena
emergencia mundial, continúan con su negacionismo ciego e irracional, que sigue
costándole la vida a miles de personas.
Sus gestiones de políticas públicas han sido y han
terminado siendo simples, incongruentes y desatinadas, como lo han demostrado
así los hechos y sobre todo las estadísticas, de los cuales, se ven
desfavorecidos como siempre una mayoría sin privilegios de poder.
El politólogo, Francis Fukuyama, cree que existe una fuerte
correlación entre el populismo y las malas gestiones frente a la pandemia,
poniendo como ejemplo, precisamente a Estados Unidos y Brasil, cuyos líderes
han hecho caso omiso a los expertos en una mayor parte del tiempo, ejerciendo
así un toque totalitario en la gestión gubernamental.
Sugerir inyectar desinfectante a enfermos de covid-19 para
curarlos, ordenar a militares y policías acribillar a todo aquel que violara la
cuarentena en Filipinas, ha sido parte del repertorio populista que ha
aprovechado el momento para darle rienda suelta a sus excesos y deseosos
desaciertos totalitarios, inhumanos y pseudocientíficos.
En un mundo, donde los avances científicos y tecnológicos
abundan y resuenan, cómo es posible que todavía tengamos que lidiar con
argumentaciones no solo sociales, sino gubernamentales, que van desde la tierra
es plana, hasta el virus puede curarse inyectándose desinfectante. Vivimos tan
informados y a la vez tan desinformados que hemos vuelto a caer en otra latente
e incesante paradoja global.
Panamá no escapa de esta angustiosa realidad, ya que el
populismo ha sido participe, sin duda, de decisiones que no portan como carta
de presentación la evidencia científica, tal es el caso del levantamiento de la
tan cuestionada ley seca. La misma ha sido dada de baja por el gobierno
nacional, pero ¿esta ha sido una decisión guiada por la razón y la evidencia? o
¿por un impulso secundado por acceder a las demandas de las masas?, actuando
así con una cuestionable generosidad y un moderado discurso, justificando sus actos
y decisiones apelando a una utópica responsabilidad colectiva, que posiblemente
tiene como base la voluntad popular.
Actualmente, Panamá es considerado el mayor consumidor de
cerveza de Centroamérica y alcanza un porcentaje del 77% del total de licor
demandado en la región centroamericana, según datos de la Organización mundial
de la salud (OMS, 2018).
Existe una evidente y ya demostrada relación entre el
consumo nocivo de alcohol y trastornos mentales, así como comportamentales,
además de enfermedades no transmisibles y traumatismos.
El consumo nocivo de alcohol provoca pérdidas sociales y
económicas importantes, tanto para las personas como para la sociedad en su
conjunto, y seamos honestos, esta realidad irá más allá, debido a las
magnificencias de las consecuencias sanitarias que puede acarrear en plena
crisis
Apelar a la libertad conductual en una sociedad en donde
una mayoría considerable carece de responsabilidad y autocontrol, tal como
evidencian y nos demuestran los datos, es apelar al fracaso.
Andrés S. Millares B.
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